La dictadura del terror
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No se engañen, acabar con la violencia en el fútbol es fácil. Tan sencillo como querer y no tener miedo. Laporta enseñó el camino: identificar a los impresentables y ponerles en la calle. Todos los clubes saben quiénes son los vándalos. El Atlético, el primero. Fran, el Portu y compañía entran y salen del Calderón cuando y como quieren. La entidad se lo permite y ellos se creen legitimados para cualquier barbaridad. Se sienten intocables. Aún más cuando su trato con los dirigentes llega a ser tan estrecho que se les encargan pequeñas tareas o se les dan mil facilidades para viajar con el equipo. Se les ha entregado tanto poder que ahora al Atlético le aterroriza denunciarles cuando no tiene más remedio.
La respuesta del club ha sido tardía y tibia. No ha censurado con dureza a estos vulgares camorristas. No se ha atrevido a dar unos nombres que conoce. Miro al tal Fran y, donde sólo veo un matón de quinta fila con una pinta infame, me dicen que hay un tipo casado y un poco bravucón, que se transforma cuando habla de su Atleti. Su Atleti, nunca mejor dicho, porque se ha demostrado que él y los suyos hacen lo que les da la gana en el club. El Atlético no permitió hablar ayer a sus jugadores, por si acaso decían la verdad: que se conoce quiénes son y que se les puede echar para siempre del fútbol, pero que no se hace porque saben demasiado y se les tiene auténtico pánico. Una cobardía que mancha innecesariamente un deporte maravilloso.




