La afición sí que no es culpable

La situación vivida el jueves en el Calderón no es nueva: se ha repetido en los últimos años. Sin ir más lejos, algo parecido ocurrió el día del Centenario, con pañolada, gente protestando al palco... Han cambiado los protagonistas, pero las escenas son parecidas. Y es que el Atlético se ha acostumbrado a ser un equipo segundón, muy lejos de su categoría de grande.
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Una vez más, el equipo ha vuelto a fallar en el momento más inoportuno, justo cuando estaba muy cerca de Europa y a las puertas de disputar una final de Copa. Incomprensiblemente, el equipo ha tirado el año cuando lo tenía todo para ir hacia arriba. Al Atlético le ha faltado calidad a lo largo de todo el año y carácter al final, cuando rivales en teoría peores, como Numancia y Osasuna, se impusieron por tener más ganas. El Atlético jugó dos meses bien al fútbol (diciembre y enero, ante Athletic, Betis y Real Madrid, por ejemplo) y perdió. Creo que eso hizo daño a la moral de un conjunto que nunca ha tenido una gran autoestima.
Cerezo y Gil Marín son culpables porque la plantilla no es acorde con la categoría del Atlético. Ferrando ha tenido lo que ha tenido: en diciembre se le fueron cinco y sólo llegaron dos. Un equipo muy corto de efectivos, aunque como es lógico el técnico es el principal responsable del juego del equipo. Con suerte, el Atlético podría estar entre los seis primeros. Con mala fortuna, por la mitad de la tabla. Pero los jugadores son los que salen al campo. Nunca pasa nada con ellos. Si no rinden juegan en otro club, bien remunerados, por cierto. Así es el fútbol. Y la que no tiene culpa, la afición (el baluarte del club, la mejor de España), es la que llora, sufre y se queda sin cenar. Lo malo (que no pasará) es que definitivamente algún día se canse de verdad.



