Jugadores de usar y tirar
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Larrañaga es un jugador estadounidense que llega al Madrid con pasaporte irlandés, procedente del Reggio Calabria, que ha sido penúltimo en la liga italiana de segunda división, y tras haber sido profesional anteriormente en equipos de Atenas, Villeurbanne, Milán, París, Las Palmas y Sevilla. Llega con 30 años, es decir, que se trata de un jugador que no va a ir a más. El Madrid tampoco ha sabido encontrar otro mejor para sustituir a Herreros ante los playoff. Si sale bueno, estupendo; si sale rana, cuando acabe su contrato temporal se le dice adiós y no pasa nada. Ocurrió con Troy Bell (sólo jugó dos partidos de Liga) con Jaumin, con Attruia, con Mulaoverovic, con Gnad, con Larssen, con Jennings, con Van Rijn...
El baloncesto ha cogido la costumbre de fichar jugadores de usar y tirar. Con la excusa de que salen baratos (eso dicen, pero nunca revelan las cifras), todo vale. Pero el club siempre tiene que pagar, así que el jugador cobra y el agente se lleva la comisión. Fue Scariolo, en sus tiempos del Tau, quien implantó la práctica del alegre mercadeo. Llegó a contratar cinco jugadores en una sola temporada -Gibbson, Gerhrke, Machowski, Ben Davis y Zwikker- a los que dio de baja después de que actuaran una hora de media. Ahora el hábito de fichar sin mayor responsabilidad está extendidísimo para enriquecimiento de los representantes, despiste de los aficionados y desarraigo de las plantillas. Flaco favor hacen al baloncesto.




