Aguirre y el pacharán

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En todos los rincones de Pamplona, desde la Chantrea hasta Iturrama, desde Ermitagaña hasta Orvina, en toda Navarra, en Legasa, en Tudela, en Fitero o en Cascante se brindó ayer con el mejor pacharán posible, el casero, el que se guarda para las grandes ocasiones y conserva las endrinas que aportan todo su sabor. Y no es para menos. Osasuna entró en la historia, la de los finalistas de Copa, que hasta ayer había dado la espalda al más de medio millón de habitantes que conforman esta entrañable Comunidad. Un equipo, el rojillo, que fue la casta, como se dice en la tierra, de un sentimiento que el 11 de junio inundará el estadio en el que se celebre la final, independientemente de donde sea, haya tierra o mar de por medio.
Un gran premio para la familia osasunista. Para los Enrique Martín, Castañeda, Pepín, Roberto, Rípodas, Zabalza, Ziganda, Vicuña, Lotina, Yanguas o Palacios. Para todos los que algún día defendieron con orgullo la camiseta de un club modesto pero sincero. En especial para todos aquellos que sufrieron en los malos momentos, los miles de aficionados que viajaron a Badajoz aquel 10 de mayo de 1997 y que celebraron un gol de Tiko en el 89' que les libraba de la Segunda B. Los que vibraron en la Plaza del Castillo tras el último ascenso ante el Recreativo, jóvenes, viejos, críticos, los de tribuna, los de fondo, osasunistas todos ellos. Un regalo que tiene a Javier Aguirre como protagonista, pero que posee una larga lista por detrás. A todos ellos, enhorabuena.



