Tres Cantos ama el ciclismo
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El ciclismo arrastra el estigma del doping, el ciclismo da más cornadas que el toro -reciente está la imagen de López de Munain tirado como un guiñapo sobre el asfalto-, las ciudades invaden las afueras y llena de autopistas todas las salidas, pero los niños siguen pidiendo bicicletas a los Reyes Magos. Bicicletas hay más que nunca, porque los Reyes Magos son generosos; ciclistas, menos que nunca, por las dificultades antes apuntadas. La cifra de chavales en las escuelas de ciclismo de Madrid se ha reducido de 500 a 200; la participación en las carreras, de 200 a 80. Ciclistas de ciudad ya no sale uno; la cantera se reduce al medio rural, donde resulta más fácil coger la bicicleta y encontrar carreteras poco frecuentadas.
El ciclismo, desde luego, no vive sus mejores momentos. Por eso la iniciativa que ha tenido Tres Cantos, un joven municipio que acoge a 40.000 habitantes de clase media, situado a 20 kilómetros de la capital, es para aplaudir. Al ciclismo no se le puede dejar agonizar porque el sueño de todo niño es una bici. ¿Y qué puede hacer con ella si luego no puede salir a ningún sitio? En Tres Cantos, sí. En Tres Cantos hay 50 kilómetros de carril-bici y el ciclismo ha entrado en los colegios. Desde ayer, 2.500 niños se están familiarizando con el ciclismo. No con el de competición, que eso llegará más adelante para unos escogidos, sino con su práctica, lo cual ya es mucho para estos tiempos que corren.




