Osasuna no puede ir de víctima

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Conocí a Patxi Izco, presidente de Osasuna, un verano en Burgo de Osma (Soria) en un partido amistoso contra el Atlético. Izco disfrutó de lo lindo con Jesús Gil antes del partido. El ex presidente rojiblanco era único en estas lides y cuando estaba tranquilo y sosegado, como aquel día, hacía partícipes a todos de su alegría. El dirigente de Osasuna me pareció una persona muy cabal, muy llana, de las que consideramos como normales. Pero está en juego una final de Copa, que, aunque no estén ni Real Madrid ni Barcelona, es un torneo importante. Cuando los grandes están en condiciones de ganar la Copa, este título es el no va más y cuando no, poco menos que lo desprecian.
Lógico que Osasuna quiera meter presión, pero Izco sabe que en El Sadar, ante rivales como Atlético o Real Madrid, se reparte de todo... menos caramelos. Y lo digo porque yo he estado en ese campo. Nada ilícito, pero en El Sadar también la gente presiona al árbitro, chilla, tira de todo y ayuda lo suyo. Justo lo que el equipo navarro teme: que el Calderón sea una olla. El Atlético perdió justamente la ida de Copa, pero uno recuerda el juego rayando al límite de Osasuna. Cruchaga, Pablo García... hablan y precisamente son los de los que más pegan. Por ejemplo, no le he visto a Valdo (que debió ser expulsado por una entrada a Gronkjaer) decir nada así. Cada uno juega su papel. Pero Osasuna no puede venir a Madrid con el papel de víctima ni de sentirse de antemano atracado. Si juega bien, ganará, como en el Centenariazo. Si le deja el mínimo respiro al Atlético, lo pasará mal. Y sin seguidores de Osasuna, como allí tampoco los hubo del Atlético. Aunque Izco tenga que justificarse ante su gente más radical.



