La gran diferencia es el nueve
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Athletic y Betis, separados geográfica y filosóficamente por un mundo, acaban por ser un calco en la desembocadura de sus primeros equipos. Sólo les separa de verdad su hombre-norte, su delantero centro. Ahí el Betis se encomienda a la velocidad y la chispa de Ricardo Oliveira, un gran acierto de Lopera tras algunos gatillazos (Palermo el más sonado), y el Athletic a la imponente anatomía de Urzaiz, un delantero centro clásico, muy del gusto del San Mamés que aclamó a Zarra, y probablemente el mejor cabeceador del campeonato español. Pero para llegar hasta sus nueves, vascos y andaluces siguen caminos ciertamente similares: un lanzador de largo alcance de referencia (Tiko y Assunçao) y un desplazamiento de la calidad hacia la periferia: Iraola, Del Horno, Etxeberria, Ezquerro, Joaquín, Denilson y si hace falta, hasta Fernando.
El Betis se agarrará al contragolpe y por ahí le debe ir bien, porque el eje Joaquín-Denilson-Oliveira es estupendo para la sorpresa (aquellos cuatro goles en San Mamés en la Liga lo atestiguan) y porque los laterales del Athletic, Iraola y Del Horno, tienden al descuido. No les pierde la indisciplina, sino su instinto ofensivo. Y ese defecto se acelerará si el 1-0 no llega pronto. Esto conduce al sufrimiento inevitable de los centrales, sobre los que pesa otra amenaza: no cometer faltas cerca del área, porque Assunçao tiene un porcentaje de acierto a balón parado asombroso. Para el Betis vale casi lo mismo. Cerrará mucho su zaga sobre Urzaiz, lo que no es ninguna garantía, pero en las bandas se encontrará a Etxeberria y Ezquerro, futbolistas de doble filo: tienen desborde y también pegada. Y por detrás llega Tiko, un gran rematador de segunda instancia.



