Los matices decidieron la final
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La final de la Champions de balonmano acabó con polémica. Con polémica arbitral, que es como suelen acabar los partidos entre dos equipos tan igualados. En doce días han jugado tres veces, incluyendo el partido de Liga: dos ganó el Ciudad Real por dos y un goles de diferencia, y una el Barcelona por dos tantos. Total de los tres partidos, dos jugados en el Palau y uno en el Quijote Arena: 82-81 a favor del Ciudad Real. Si después de tres horas de juego ningún equipo es capaz de mostrar una clara superioridad, el resultado de cada encuentro es cuestión de matices. Entre esos matices entran las decisiones de los árbitros. ¿Hubo ayer penalti de Entrerríos a Romero? ¿Y a Dujsebaev en la última jugada?
Fueron dos jugadas que decidieron un título. De las dos salió favorecido el Barcelona. Si falta un minuto, la diferencia es de un gol y los equipos defienden al límite, los árbitros se convierten en jueces del resultado por acción o por omisión. El Ciudad Real puede sentirse perjudicado por los árbitros, pero también debe de hacer examen de conciencia. Llegó al final con resultado tan ajustado porque en los últimos 15 minutos sólo marcó dos goles. Entró en ese periodo con ventaja (23-25) y con la suerte de cara -el Barcelona tiró dos veces al poste y falló un penalti-, sin que la expulsión de Pajovic, ésta sí injusta, justificara el desacierto rematador pues sólo actúa de defensa. Y con esos dos goles en 15 minutos, la verdad, es muy difícil ganar.




