Controles de salud insuficientes
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Arranca el Giro con 197 corredores, uno menos de lo previsto. A Nuno Ribeiro, un portugués que corre en un equipo español, el Liberty, le mandaron para casa. Tenía el hematocrito por las nubes, síntoma de haberse administrado EPO. El año pasado, dos de los cinco corredores expulsados en víspera de las grandes vueltas fueron españoles; en la Bicicleta Vasca fueron tres. Son demasiados los casos de corredores que se arriesgan a presentar valores altos cuando tienen la absoluta certeza de que van a ser controlados antes de salir. ¿Qué no harán entonces las semanas previas a la carrera en las que saben que no van a pasar ningún control? Quizá barbaridades. Es cuando aprovechan para cargar las pilas.
Si se les fuera la mano se exponen simplemente a no salir, nunca a una sanción. Como el control previo a la carrera es de salud, no de doping, sólo consiste en certificar que el ciclista está en condiciones de competir. A quien tiene más del 50% de hematocrito le mandan descansar quince días; si para entonces le ha bajado la tasa, puede volver a la competición. A los ciclistas segundones les compensa el riesgo. Tienen mucho que ganar (hacer una gran vuelta para mejorar su contrato) y poco que perder (quince días de paro). La manera de pillar de verdad a los tramposos son los controles por sorpresa en los periodos de entrenamiento y aquí se han comenzado a hacer. En breve puede haber sorpresas.




