Yo digo José A. Espina

Lopera, Del Nido y la educación

José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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El Fontanal: barrio humilde pero seductor, cercano a la Sevilla más refinada, la del Centro, y la de los que todavía trabajan a destajo en el colindante distrito de San José Obrero. Barrio de peñas blanquirrojas y de eternos sevillistas como Pérez Giráldez, antiguo presidente de la Federación de Peñas del equipo de Nervión. El Fontanal, lugar donde nació, se crió y vive el bético más del Betis (al menos, en números) y presidente del Real Betis Balompié S. A. D. Allí fue donde amasó Manuel Ruiz de Lopera y Ávalos sus primeras excentricidades de hombre potentado, del adosado unifamiliar a la manzana completa con teatrillo incluido. Allí se cocieron, entre la falta de preparación universitaria y el dinero a destajo, las sombras y las luces, las contradicciones constantes de un self made man capaz de crear un diccionario palabros y salirse de madre cuando habla de su equipo y, sobre todo, del eterno rival.

Pero Lopera tiene coartada. Justificación no, sí coartada. Una coartada aceptada públicamente por la presunta víctima, es decir, el presidente del Sevilla, abogado de personas nada sospechosas (Cachuli, la Pantoja, el ya fallecido Gil y Gil) y protagonista del último descenso administrativo sevillista a Segunda B, en 1994. En aquel dramático momento, él se encontraba en Eurodisney: José María del Nido, Benavente. Afirma Del Nido que no entra al trapo de Donmanué porque tiene (tuvo) más educación. Pero sí entra, a saco, y sobrecalienta lo ya han calentado aquellos que no disfrutaron de su escuela. "El escudo del Sevilla da miedo". "Edú iba a ser suplente de Baptista", se le ha escuchado últimamente a Del Nido, que no puede contenerse y reconocer, (con desagrado, eso sí) que tan de mala educación es no invitar al vecino a la fiesta como acudir cuando no se está invitado. Y sin coartada, además.

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