Lendoiro no guarda las formas
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Cuentan quienes conocen los entresijos de la historia deportivista que el mismo día y a la misma hora en que John Benjamin Toshack era presentado como técnico del Deportivo en la plaza de Pontevedra, Arsenio Iglesias recogía su vieja bolsa de deportes en Riazor y abandonaba el vestuario para no volver nunca más. Corría el año 95 y O Bruxo de Arteixo había dejado la Copa del Rey en las vitrinas del club, su primer y único trofeo hasta entonces. La puerta de atrás y el silencio de la directiva premiaban el buen trabajo de un hombre que aún hoy recoge el cariño de una afición que no olvida aquellas primeras tardes de gloria. No hubo explicaciones, ni siquiera le dieron las gracias.
Mañana del 28 de abril de 2005. Javier Irureta abandona la habitación 514 del Hotel María Pita camino de la cafetería para desayunar mientras lee la prensa. Deja para el final el periódico del club. En portada lee cómo Lendoiro ya le busca sustitutos. Unas horas antes Jabo niega en El Larguero a José Ramón de la Morena cualquier plan de futuro. "Quedan 15 puntos y el club se está jugando entrar en Europa, algo vital para su futuro". Pero el club ya no le respalda. Ni siquiera piensa en salvar esta temporada. Lendoiro ha tirado la toalla y ha perdido las formas. Y las formas no se deben perder nunca. Arsenio e Irureta lo saben.



