El juego de la Juventus dio pena
Un horror la Juve, una pena el partido y también mal el Liverpool, aunque al menos tenía la coartada de que el empate a cero le servía. Pasó a la semifinal sin tirar a puerta ni una sola vez en los noventa minutos, un dato demoledor de uno de los peores partidos que he visto en mucho tiempo. La Juve es un equipo plano en el centro del campo, y eso quedó ya claro en la eliminatoria anterior. Capello vive de un detalle de Ibrahimovic, algún destello de un Del Piero muy cerca del final de su carrera, de algún zarpazo de Nedved o un remate certero de Trezeguet.
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Con que sólo aparezca uno de ellos a Capello le sirve. Le importa un pimiento que la gente se aburra, que Delle Alpi se vacíe cada vez más y que el Milán abandere el buen fútbol en Italia. Anoche no tuvo a su arma Trezeguet y la Juve se quedó en nada. Con los pelotazos del francés Thuram como única alternativa esta vecchia signora fue un equipo impotente y patético, incapaz de desordenar a la defensa inglesa. Si la Juventus quiere volver a ser grande necesita muchas cosas nuevas. Un organizador de juego de verdad para acompañar a Emerson, jubilar de una vez a Del Piero y, sobre todo, un técnico con otro gusto por el fútbol. O quizá que Capello se recicle como hizo en su día el milanista Carlo Ancelotti, pliegue velas y cambie su estilo.
Ayer perdió todo el crédito, y además en una de las eliminatorias más fáciles que podía tener en cuartos de final de la Champions. Porque, no nos engañemos, este Liverpool tan limitado y con tantas bajas tampoco es un equipo poderoso. Precisamente por eso Rafa Benítez tiene más mérito, porque ha sido capaz de llegar muy lejos con pocos mimbres a su alcance. Veremos hasta dónde es capaz de largarse. De momento, Capello perdió anoche en la fortificada Turín mucho prestigio, gran parte de lo que se ha ganado hasta ahora en su trayectoria como entrenador. Y no fue el único.




