Yo digo Gabriel Forteza

Un desafío a la historia bermellona

Gabriel Forteza
Redacción de AS
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Si repasamos la historia del Real Mallorca, quizá no debiéramos llevarnos las manos a la cabeza en caso de que definitivamente este equipo se vaya esta temporada a Segunda División, con todo lo que eso duele, fastidia y entristece. Voy a intentar explicarme para que no se me malentienda. El Mallorca está a punto de finiquitar ocho temporadas consecutivas en Primera, un número de campañas seguidas nunca logrado antes y que ha servido no sólo para vivir los mejores años de la historia del club, sino para estadísticamente cifrar en 19 las temporadas entre los grandes del equipo mallorquín. ¿Saben cuántas ha militado el Mallorca en Segunda? Trenta y una, y otras dos en Segunda B, y otras catorce en Tercera. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que se ha disfrutado en la isla de la mejor época en la historia del club y que el fútbol funciona a base de ciclos.

El Mallorca es un clásico de Segunda que desde el último ascenso en 1997 consiguió establecerse, comprar y vender buenos futbolistas, crear una ciudad deportiva, jugar finales nacionales (Copa) y europeas (Recopa), disputar la Champions League, ganar dos títulos, la Copa del Rey y la Supercopa de España, y ser tercero en la Liga dos veces. Todo eso tiene que servir para que la Segunda División sea sólo un accidente del que se repone uno al año siguiente, como hicieran en su día clubes como Zaragoza, Espanyol, Racing, Valencia, Sevilla, Villarreal o Betis en los últimos años. ¿Hay que lamentarse? Sí, pero no es el final del fútbol. Si las cosas se hacen bien, no hay por qué acordarse de lo mal que le ha ido al Spórting de Gijón, al Cádiz, Las Palmas, Castellón, Murcia, Hércules, Elche o Rayo Vallecano en las últimas temporadas.

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