Arconada y el caballo desbocado

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Tenían la esperanza muchos realistas de que con Arconada en la cúspide de la Real el club regresaría por sus fueros. El objetivo era devolver a la ciudad esa famosa ecuación en la que se aglutinaban la competitividad deportiva con el saneamiento económico. El grito de 'No pasa nada, tenemos a Arconada' -tantas veces atronado en Atotxa- sonaba de fondo, como una ilusión por dar brillo a un futuro negruzco que permitiera de paso desviar la mirada y no ver de lleno la nefasta capacidad directiva de los actuales mandatarios. La afición aguardaba con los brazos abiertos al ex portero, pero tendrá que seguir esperando. Arconada no se presenta a las elecciones. Y ya van dos veces.
Lo cierto es que su renuncia no debe coger por sorpresa a nadie. Él no es el primero ni, lamentablemente, será el último en decir que no. Y es que la poltrona de Anoeta es un agujero negro, un lugar en el que exponerse a la parroquia con muy pocas cosas que ganar. Sobre todo cuando Astiazaran se marche y deje un aura de incertidumbre que puede tener consecuencias imprevisibles. Ahora bien, si Arconada, que contaría con el apoyo de la grada, que tiene experiencia contrastada en el mundo del fútbol y que es el estereotipo de realista, tampoco lo ve claro, ¿quién es entonces el osado que se atreve a tomar las riendas de este caballo desbocado?



