No será un domingo cualquiera
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Pedro de la Rosa seguramente no olvidará en toda su vida el domingo 3 de abril de 2005. Es la fecha de, como él mismo ha definido, su gran oportunidad, el regreso a la élite con un volante entre las manos a la altura de su calidad como piloto. Pero, también seguro, no será un domingo fácil para el catalán. Correr un gran premio de Fórmula 1 no debe serlo nunca, así que menos aún cuando tienes que demostrar, casi a vida o muerte, lo que vales, lo que puedes hacer, lo que mereces... Un examen final que no le llega en el mejor momento, porque una cosa es dar vueltas y vueltas probando un coche y otra muy diferente competir contra los mejores del planeta.
Ahora, por si fuera poco, se une la rabieta de Alex Wurz reclamando un derecho que cree propio. Así que si Pedro falla, su grandullón compañero de escudería tendrá argumentos para incrementar su presión en McLaren. Y no es justo, porque la escudería ha apostado desde comienzos del año por el español (más allá del problema de estatura del austríaco) y ponerle contra las cuerdas no es lo más inteligente ni lo más apropiado para esperar buenos resultados. Menos mal que Pedro sabe mejor que nadie que tiene mucho que ganar y casi nada que perder, así que ya ha avisado de que no piensa cortarse mañana ni un pelo. Gloria o infierno. Y nosotros apostamos por lo primero...




