El balonmano tira sus efectos
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Soy un defensor del balonmano. El balonmano es una de las alternativas naturales al fútbol. Primero fue el rugby y después, el balonmano, cuyo origen se remonta a hace más de un siglo. Tan parecido al fútbol, que los partidos eran once contra once y sobre campos de similares dimensiones. Un deporte físico como pocos, de choque, de coordinación, de rapidez, con goles. En el balonmano, además, nos va de maravilla. Nuestros clubes son los mejores del mundo y, desde este año, nuestra Selección también, lo que provocó que España entera fuera balonmanera... aunque fuera sólo por un día. Los 3,5 millones de telespectadores que tuvo la final del Mundial no los ha superado aún Alonso, ni la final de Copa de baloncesto.
Se dijo, en su día, que el balonmano no había aprovechado el efecto Urdangar ahora también se puede decir que tampoco aprovecha el efecto del Mundial. Ayer se enfrentaron Barcelona y Portland. Un partido tremendo, trepidante, sin concesiones porque el ganador daría un paso de gigante para ganar la Liga. Va y se programa haciendo coincidir la segunda parte con el Serbia-España. De acuerdo en que la Liga se juega entre semana, porque los sábados y domingos se reservan para la Copa de Europa, en cuya competición ambos equipos están en semifinales, pero ¿de verdad no había ni otro día ni otra hora para jugar? Y es así, haciendo la competencia al fútbol, como el balonmano desperdicia sus efectos.




