Diego, pese a los tristanistas
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Es curioso. Denunciar la desidia física de Diego Tristán, además de ser un incómodo ejercicio de sinceridad debatible, se ha convertido en un ataque al duende, al arte, al talento y al Sursum Corda. Los apostóles del fundamentalismo barato que se disfrazan de curristas y los palmeros con fecha de caducidad, los mismos que han auspiciado el deterioro futbolístico del de La Algaba, suelen cargar contra quien se atreve a advertir el declive del sevillano. Su descuidado chasis hipoteca su talento, esa genialidad que le emparenta con Romario, Van Basten o Curro Romero.
Tristanista. Esta incómoda palabra dibuja una línea que separa el bien del mal. Es el arma de los talibanes del arte futbolístico, los próceres del duende esférico. Once letras que dibujan un mundo maniqueísta. Pura xenofobia hedonista. "O estás con nosotros o contra nosotros". Ya es hora de desmontar ese fundamentalismo. Tristán es técnicamente uno de los mejores delanteros de Europa, pero su déficit físico le condena. Y mientras los tristanistas aplaudan esa dejadez disfrazada de suficiencia, nos robarán al resto el talento de Tristán. A mí también me gusta el buen vino, el toreo de Rafael de Paula o un buen libro, pero alguien debe recodarle a Diego que Pablo Picasso esperaba a las musas delante del cuadro. Y también era un genio.



