Los chetniks y el gol de Rubén Cano

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Fijo que no será recordado como el partido del Niño Torres. Para qué engañarnos. A Fernando se la atraganta siempre el blanco y en el pequeño Maracaná volvió, desgraciadamente, a demostrarlo. La anunciada suplencia de Raúl, lejos de espolearle pese a despejarle el protagonismo en el área, pareció sumirle en un complejo que terminó por dejarle sin pólvora ni pegada. Pero eso es tan cierto como que los plavi lo frieron a patadas. Vidic y Duljaj se convirtieron en dos chetniks que aburrieron al chico con sus entradas a destiempo, sus empellones y sus desplantes. Towers se las llevó todas. Dicen las estadísticas que le hicieron 9 de las 16 faltas que sufrió España. Más de la mitad. Pero todo eso no justifica el mal partido de este desconcertante futbolista, capaz de enamorar en el Camp Nou con una exhibición bíblica o de diluirse como un azucarillo como ocurrió en la cita de anoche en Belgrado.
La otra cara de la moneda la puso Raúl. Su segundo tiempo fue de gran capitán. Con galones. Dando miedo cada vez que se acercaba a los dominios de Jevric. Por eso duele más el desperdicio que Torres hizo de la jugada que llevaba impreso el pasaporte del Mundial de Alemania. Raúl se fue con esa habilidad que tanto le echábamos en falta, levantó su curtida cabeza al pisar el área yugoslava y asistió a nuestro delantero centro para que se gustase. Era de esos pases de la muerte que le permiten al artillero elegir, con perdón, por donde se la va meter al enemigo. Remate frontal, franco, sin obstáculos. El gol que hubiera permitido revivir a los españoles (y sobre todo a los atléticos), el histórico gol de Rubén Cano. Pero erró. Toca esperar. Como siempre.



