Yo digo Alejandro Delmás

Sólo hay una raza: la de ganador

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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En tenis, la raza es un incidente tan peculiar como el mismo juego. Un atleta tan divino como Michael Jordan enfurecía con este juego, cuyos movimientos antagónicos se le resistían tan sistemáticamente... como los del beisbol. 'Sports Illustrated' se ganó la enemistad eterna de Jordan por dedicar cierta famosa portada en 1994 a un fallo colosal de Michael con su equipo de los Birmingham Barons, ligas menores. Es infrecuente que se afile el asunto racial en tenis, porque a los chicos y chicas del gueto rara vez les da por comprarse raquetas. A mediados de los años 90, la Asociación de Tenis de EE UU (USTA) montó un programa de caza de talentos en los barrios más oscuros de Los Angeles. El plan fracasó. Las negras panteras Williams emergieron del tremendo gueto de Dominguez Hills, entre Compton y South Central, pero fue porque su padre Richard se empeñó y se las llevó a Florida, no por programas especiales: y porque más cornás da el hambre, claro. Para ver lo que las Williams dejaron atrás, recuérdese el reciente asesinato de su hermana Yetunde: en su barrio natal.

Una raza muy hábil para el tenis es la hindú. Y uno que le sacó punta racista a un hindú fue John McEnroe. En Wimbledon 1981, con título y escándalos para SuperMac, el caballeroso hindú Ramesh Krishnan declaró, que si para ganar el título hubiera que portarse como McEnroe, entonces "se retiraría". Al poco, en un doble, McEnroe se halló ante Krishnan y pidió el relevo de un línea hindú con turbante: "por prejuicio racial". La raza que sí manda es la de los ganadores. En Miami, Rafael Nadal destrozó a Verdasco y ayer acorralaba al coloso Ljubicic: en pista rápida. Qué cosas...

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