Gordito cósmico, eres grande

Mestalla rugía como un dragón de mil cabezas. Ayala se convertía en una cosechadora que segaba las robustas piernas de nuestro héroe (¿acaso no es expulsión dar una patada sin balón?) y Aimar aumentaba la zozobra de un gigante empeñado en morir de pie. Y en esas apareció él. El más grande. Ronaldo. El tipo capaz de escribir un tratado de cómo sonreír eternamente sin tener agujetas mandibulares. El Bernabéu le había crujido el orgullo. Pero ya avisó ayer en la portada de AS, con una cara de hambre que profetizaba el fin de la sequía: "Siempre me gusta responder en el campo". Y lo hizo con una acción para las videotecas. Pase imperial de Guti. De jugón. La manada aparece frente a Cañizares. Ojo, que huele a azufre...
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Cañete a un lado, cintura incluida, Ronie al otro. El portero se desespera y le lanza una patada. El penalti o la vida. El ladrón de camiseta azul cobalto se sale con la suya. Llega Marchena, desesperado como Juan José ante Maradona en el Bernabéu hace veinte años. Nueva cintura fracturada. No hay más obstáculos. La red también aplaude la obra maestra. Ha vuelto el gordito cósmico. El único delantero del mundo capaz de salir de caza sin aliados y regresar a la cueva con alimentos para diez días.
Ronaldo se reconcilió con la vida y con el fútbol. Bailó samba delante de la pelota, inventó un caño imposible, un autopase con el tacón y hasta escuchó respetuoso las instrucciones de Portillo. Ronaldo ha vuelto, una noticia que ha estremecido a una ciudad que tiembla sólo con imaginar su sombra. Los niños de Turín no durmieron anoche. ¡Qué viene el Ronie!



