El discípulo de Kipling nunca falla
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Decía Rudyard Kipling, el poeta del Imperio Británico, "que la derrota y el triunfo no existen como tal. Son sólo dos espejismos". Y dirán ustedes, qué dice este tío. Les explico. Esta peculiar interpretación de la teoría de la relatividad es vital para manejar un vestuario. Y en el blanquiazul hay un hombre mesurado, inteligente y pragmático que aporta esa visión constructiva tan importante para seguir adelante, pase lo que pase. Es el hombre en el que se apoyan muchos jugadores cuando atraviesan por un bache físico o psicológico. Gente que busca respaldo y una charla con alguien mitad padre, mitad confesor. Diego Tristán comienza a salir de un túnel en el que lleva atrapado un par de temporadas. Y él tiene mucha culpa.
Diego tiene en Javier Irureta a uno de sus máximos defensores, pero también al hombre que le instiga, que le aprieta, que le motiva. Jabo siempre sale al corte cuando alguien carga contra Diego por esa desidia que derraman los tipos con talento antes de regalar una pincelada de su arte. Pero en momentos complicados, Diego se ha apoyado en una persona que siempre ha estado ahí para darle un buen consejo o una sabia advertencia. Es Paco Melo, el hombre que ganó tres Ligas (aunque Jabo mantendrá siempre que son dos porque en la tercera no jugó ni un minuto. Las lesiones se lo impidieron). Melo es el yan de esta peculiar pareja de hecho que ya cohabitaba en la banda del Vicente Calderón en los setenta. Un hombre profundamente respetuoso que respira fútbol, idolatra al Ajax de Cruyff y encuentra en los libros su refugio preferido para recopilar consejos que luego regala. El discípulo de Kipling nunca falla. Ese es Melo.



