Yo digo Iñako Díaz-Guerra

Si Gárate lo dice, yo no aporto nada

Iñako Díaz-Guerra
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Les confesaré algo que me delata inmediatamente como un joven padawan atlético: para mí, Gárate es un mito. Lo siento. Yo no tengo la culpa de haber vivido esa estremecedora época que recorre desde Abadía y Bustingorri hasta Javi Moreno y Musampa. Mi abuelo hablaba de Ben Barek y Juncosa, pero aquello no dejó huella en mi memoria de pez. Sí lo hicieron los guateques en los que mis padres y sus amigos me dejaban echar el hielo en las copas. "Los mirones son de piedra y dan tabaco" me decían y yo escuché y aprendí. En cuanto tuve edad, me puse al día de las palabras que más había oído entonces: Stones, Dylan, Gárate y gin-tonic. Nunca se lo agradeceré bastante.

Gárate me sedujo desde la primera toma en blanco y negro. Respondía a todo lo que había imaginado: elegancia implacable, un asesino encantador. Si Cary Grant te pega un tiro, le sonríes. Cualquier gol parecía sencillo. Siendo muy poco mitómano, reconozco que cuando le conocí me puse nervioso, cosa que sólo me sucede con algunas chicas y con sus novios de más de 1,85. A la media hora, y acostumbrado a los futbolistas de hoy en día, no daba crédito a que alguien tan grande pudiera mostrar semejante humildad. Desde ese día, para mí, lo que dice es ley. Normalmente prefiere no mojarse por no molestar, pero ayer fue claro: "Torres es el número uno". Él, que marcaba sin darse cuenta, se ríe cuando oye que el Niño tiene problemas para definir. No tengo nada que añadir. Y luego te da las gracias para despedirse, cuando el agradecido eres tú. Da gusto que los mitos sean tan educados.

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