Yo digo Fermín de la Calle

Ni duende, ni ángel, ni magia, ni ná...

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Al Deportivo se le ha agotado la magia, esa cuota de bendita irracionalidad que desarma a las defensas rivales. Valerón tiene las botas secas y la cabeza saturada de improvisar regates inverosímiles e inventar pases imposibles. Mucha culpa de ello es de quienes le rodean, que no ofrecen al de Arguineguín ni una triste pared, ni un malintencionado desmarque. Vive sumido en una depresión y quizás por eso le ha abandonado ya el duende. La situación de sus compinches en ataque no es mejor. Luque ya ni encara. Parece hastiado de jugar en la banda. Ni desafía a los laterales rivales, ni desequilibra por potencia, ya ni siquiera dispara a puerta...

Diego Tristán anda rehabilitando su ego futbolístico. Su duende no acaba de sintonizar con un cuerpo descuidado que hipoteca su calidad. Es el saber y no poder. Además, el 50 por ciento de balones que recibe son impracticables, lo que le condena a ese laberinto en el que anda enjaulado desde hace dos temporadas. Con este panorama, ayer las ocasiones las crearon Sergio (tras recuperar la fe en su disparo, ahora debe recuperar la efectividad), el infatigable Scaloni y los testarazos de Andrade y Pablo Amo. El Depor no tuvo duende, ni ángel, ni ná de ná. Eso sí, el sábado llega el Real Madrid y para ese día han reservado el tarro de las esencias... Cuentan.

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