Micos en los estadios
Generalmente las circunstancias no forman las personas, las muestra. El hartazgo de los Etoo, Webó, Kameni y Kome -entre otros- ha situado en el escaparate mediático algo que desde hace mucho tiempo estaba en la estantería del almacén. Y que todos sabíamos de su existencia. Los sonidos imitando a un simio es un hecho muy conocido en los estadios. Y no únicamente los emiten cuatro descerebrados. Tampoco se trata de una moda puntual. Las diáfanas declaraciones de alguno de los humillados en las últimas semanas, ha puesto el espejo frente la cara de una vergüenza colectiva. Quizás por ello, hay quién se desmarca alegando que se trata de una exageraci o bien que lo mejor sería no hablar de estas cosas porque el insulto es connatural en el fútbol. Una visión oblicua.
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Existe otra modalidad de escaqueo todavía más cobarde y cínica por incierta. Derivar únicamente la autoría del coro hacia los grupos radicales. Que también. Como máxima concesión meten en el saco a "jóvenes maleducados". Farisaísmo. Al uh, uh, uh, uh!! se apunta mucha gente. Y de toda clase y condición. En determinados partidos se convierte en un enardecido clamor cuando un jugador negro del equipo rival tiene el balón. Y quienes no se suman al acompañamiento, lo degluten estoicamente. Posiblemente también con una sonrisa. Todos somos cómplices. Los micos están en las gradas, no en el césped.
Bien está que se sancione al club propietario del estadio donde se manifiesten actitudes racistas. Y que los directivos se pongan las pilas. Y que los colegiados sean más eficientes en la redacción de las actas. También el que los medios aireen esta vergüenza. Tampoco vendría nada mal que los compañeros blancos de los humillados hiciesen algo más que declaraciones. Bien está. Adecentar el escaparate. Pero también las estanterías del almacén. Modificar individualmente cierto tipo de comportamientos. Ahí no caben indiferencias ni cinismos. No cruzar la frontera donde termina la decencia y la dignidad. Sólo entonces será fácil el aislar, identificar y erradicar al patético orfeón. Los micos.



