Esta vez Rakocevic fue Bodiroga

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No sé si a estas horas alguien se estará tirando de los pelos en Minnesota. Lo mismo les da a los Timberwolves por echar balones fuera y decir que Rakocevic no tenía cuerpo para la NBA, que no sabía defender, que no terminó de adaptarse al american way of life Decir, en suma, todas esas cosas que se dicen cuando un jugador no ha triunfado porque nadie le dio minutos. Y sin minutos no las metía ni Jordan; bueno Jordan, quizá sí. De él no me fío. Rakocevic tiene talento y el talento es la tumba de los músculos y las teorías del pizarrín. El talento gana siempre. Rakocevic fue ayer Bodiroga y el Pamesa, como el Barça de los últimos años, pero vestido de naranja. La naranja mecánica, valga el símil futbolístico.
Funcionó fuera, con el propio Rako, Llompart y un inspiradísimo Yebra (muy acertado en los triples), y funcionó dentro, con el dúo Oberto-Tomasevic cimentando más si cabe su grandeza. Lo del argentino fue de matrícula, especialmente cuando Navarro metió el miedo en el cuerpo y hacía falta un argentino (¿de qué están hechos?) para dar la cara. El Barça tuvo que ceder y lo que olía a un déjà vu con Bodiroga pidiendo el balón para matar a cámara lenta y Navarro acribillando desde fuera, terminó siendo una fiesta tan naranja como esa del anuncio de refrescos. Y Rakocevic fue quien puso el gas. ¡Será por burbujas!



