Juan Mora

Después de los Príncipes, nadie

Juan Mora
Importado de Hercules
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Los Príncipes acudieron ayer a inaugurar el nuevo Palacio de los Deportes de Madrid. Mejor dicho, a la fiesta con que la Comunidad quiso celebrar la terminación de las obras, pues el recinto se inauguró hace dos semanas con la celebración de los campeonatos promesa de atletismo. Entonces no hubo tanto boato. Ayer, por haber, hasta un coche de bomberos permanecía atento no fuera que alguien anduviera por ahí con un soplete. Tuve el descuido de llegar con retraso al acto de inauguración, y bien que sufrí las consecuencias, pese a mostrar la invitación que gentilmente me había enviado la presidenta de la Comunidad. "Los invitados deberán ocupar sus asientos antes de las 11:15 horas", advertía.

Dado mi despiste ya me había impuesto la penitencia de no sentarme y seguir los actos desde un discreto rincón, pero el protocolo de la Casa Real es, por lo visto, de máxima exigencia. Una persona se acercó cuando mostraba la invitación en la puerta y me dijo: "Lo siento, una vez que se han sentado los Príncipes, nadie puede acceder al Palacio". Nada, no hubo manera de que perdonase mi pecado, pese a que ya me ocuparía yo de que mi presencia pasase desapercibida en un recinto con capacidad para 18.000 personas, ocupada en ese momento por 500. Además, si así no fuera, tampoco creo que los Príncipes se hubieran molestado después de verles que con tanta naturalidad hacen colas y comparten telesilla en Baqueira.

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