Laporte se abraza al Bilardismo
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Menotti torció el morro el día que Brasil ganó el Mundial 94 en la tanda de penaltis jugando con trivote. Ayer Jo Maso, el padre del rugby de champagne francés, refunfuñó cuando Paddy O'Brien señaló el final de Le Crunch. Francia derrotó a Inglaterra en Twickenham, sí, pero lo hizo sin pisar la línea de 22 británica. Mal síntoma. Aparcado el juego a la mano, Laporte se encomendó a la pierna de un surfero habitual en la playa de Zarautz de ascendencia georgiana que luce el apellido de una gran dinastía rugbística: los Yachvili. El pequeño Dimitri, compañero de ola de Lizarazu, convirtió seis golpes y tumbó a la Inglaterra más burda de los últimos años. Desangelada en el juego de delantera, huérfana en la dirección y desastrosa en retaguardia. Con orden y la efectividad de Yachvili, Francia volvió a ganar en La Catedral ocho años después.
El Seis Naciones queda abierto ahora para galeses e irlandeses. Los primeros, en un ejercicio de memoria histórica que les honra, rinden pleitesía a ese patrón de juego ofensivo que tantos triunfos les ha dado. El rugby en Gales es una cuestión del ADN y Shane Willians es su prototipo. Los irish son el EQUIPO. La gran prueba la tendrán la próxima jornada ante Wilkinson en Landsdowne Road. Por el bien del rugby, uno de los dos debería ganar el Torneo. O el bilardismo habrá triunfado.



