Robinho ya da muestras de madurez
Ya sé que Hong Kong no puede ser una medida razonable, pero Robinho se volvió a exhibir. Jugó los noventa minutos como premio a su madurez, se movió con inteligencia siempre y ya no es más que un recuerdo aquel virtuoso individualista y arrogante que se estrelló en un preolímpico con la Sub-23. Se asoció con todos, con Ronaldinho y Oliveira, con Emerson y Zé Roberto e incluso le dio un pase de gol al central Lucio para abrir el marcador. Jugó como segundo punta al lado de Oliveira y con libertad, siempre por delante de Ronaldinho.
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Participó en varios de los siete goles brasileños. Además del servicio a Lucio con la derecha le devolvió una pared de espaldas que Ronaldinho mandó a la red con una preciosa vaselina e hizo un gol de cabeza tras un centro de Baptista. Puso al público en pie con sus regates y mil detalles, pero casi nunca hizo uno de más. Un Robinho maduro y pieza consolidada en la selección hasta el punto de que sólo un trío Ronaldinho-Adriano-Ronaldo le puede dejar en el banquillo.
Tiene 21 años y un futuro tan grande que no debe preocuparle. Pero hubo más cosas. Roberto Carlos disfruta con la selección, y se le nota. Recorrió la banda izquierda una y otra vez, hizo un golazo desde media distancia y muy cerca anduvo de marcar otro antológico desde su propio campo. Vio al portero adelantado, sacó la zurda y la pelota sólo se marchó un palmo por encima del larguero. El portero respiró y Roberto Carlos sonrió. El partido estaba para exhibiciones y así lo entendieron todos. Un Hong Kong-Brasil a las diez de la mañana en España, pero con Robinho en el campo. Mereció la pena, desde luego.




