Un Mundial justo y apasionante
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Cuando pongamos la televisión a las ocho y cuarto para ver el España-Noruega del Mundial de balonmano ya habrá acabado el Serbia-Croacia. De su resultado dependerá si vemos el partido de España o no. Como hayan empatado se nos quitarán las ganas de verlo, condenados como estaremos a jugar por los puestos secundarios. Pero la victoria de una de los dos, ya sea Serbia ya sea Croacia, nos dejarán abiertas las puertas de las semifinales. Siempre que ganemos a Noruega. Difícil, pero al alcance. Si el resultado ante Noruega nos resultara intrascendental porque Serbia y Croacia hubiesen empatado, que no haya lamentos. Ya jugamos en su día contra estas dos selecciones y no fuimos capaces de ganarlas.
Quedaríamos eliminados, pues, por propios errores, o aciertos ajenos, no por el interés de terceros en conseguir un resultado que puede favorecerlos... o no. El empate clasifica seguro a Serbia, pero no a Croacia, cuya clasificación dependería de que ganáramos a Noruega en un encuentro que ya nos daría igual. Es decir, que Croacia nunca podrá pactar el empate, y si éste se diera es que es de ley. Recibamos esta jornada con más expectación, y ojalá ilusión, que con suspicacias. La combinación de resultados es múltiple -no digamos ya en el otro grupo- y esto proporciona emoción al balonmano. Emoción que no pasa desapercibida ante la audiencia. El balonmano se convierte estos días en nuestro segundo deporte.




