Tenemos un deporte inmovilista
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De las 58 federaciones deportivas españolas, 50 celebraron ya sus elecciones. En éstas, once han cambiado de presidente: tenis, baloncesto, ciclismo, natación, taekwondo, galgos, kickboxing, motonáutica, pesca, salvamento y socorrismo y squash. Un 22% de cambios. No son muchos. Pudiera decirse que, en este sentido, el deporte español es inmovilista; o bien, que tiene crisis de dirigentes. Que el 78% de los presidentes continúen al frente de las federaciones debiera ser síntoma inequívoco de que el deporte español marcha estupendamente. No marcha mal, pero tampoco estupendamente. Desde luego no tan bien como para que el 78% de los presidentes hayan sido ratificados en su cargo.
Quisiera decir esto que el 78% de nuestras federaciones suman grandes éxitos o gestionan con tal acierto sus federaciones que los recursos propios les permiten vivir al margen de la subvención pública. Aparentemente no parece que sean tantas las que se encuentran en estos casos. O sea, que algo falla. Presidentes sin éxitos, ni buena gestión. Presidentes que cobran un sueldo y se perpetúan en el cargo. Presidentes que tienen contentos a sus directivos para que no se conviertan en oposición. Un deporte que sólo renueva al 22% de sus cargos cada cuatro años, que no trae nuevos proyectos, que no se regenera, lo más probable es que se estanque. Y estancarse en el deporte supone dar un paso atrás. Cuidado.




