Absurdas muertes del deporte
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El atletismo español vuelve a llorar a uno de sus atletas. Primero fue Diego García, gran escudero de Martín Fiz, quien falleció al poco tiempo de retirarse mientras corría. Ahora ha sido José Luis Martínez, escudero también de otro de nuestros grandes atletas, Manuel Martínez, quien ha muerto sorprendentemente. Aún estaba en activo, pero ya al borde de la retirada; sus lanzamientos se quedaban ya muy lejos de aquellos 19 metros que llegó a lanzar hace cinco años. ¿Por qué se mueren nuestros atletas? ¿Por qué se murió Florence Griffith? ¿Por qué mueren ahora también los futbolistas? ¿Por qué han muerto ya medio centenar de ciclistas y ex ciclistas de extrañas enfermedades o repentinamente?
Se mueren, nos dicen, de lo mismo que cualquier otro ciudadano de la sociedad civil. Yo diría que no. Se mueren en mayor porcentaje. Y, además, por ser deportistas y por estar sometidos a reconocimientos cuya frecuencia es muy superior a la de los chequeos anuales, su salud debe ser envidiable. Se mueren y no nos dicen por qué. Los resultados de la autopsia sólo los conocen la familia y el juez. Si no ha habido delito, tampoco hay que llegar más lejos. La muerte se debe a un paro cardíaco y punto. Claro, pero ¿qué causas lo produjeron? Por cada muerte accidental puede haber unas cuantas de causas muy específicas. Pero aquí no nos lo queremos creer. ¿Cómo creerlo si no admitimos que tenemos problemas de doping?




