Batalla de hipocresías (parte I)
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El conflicto de los comunitarios tiene ya más de tres años de vigencia, de modo que he acumulado múltiples reflexiones al respecto, que intentaré exponer en un par de columnitas. Interesa decir, ante todo, que en el fondo subyace un problema de competencias. España y Europa aún no han definido claramente la frontera entre deporte profesional y deporte formativo. Se supone que, en pleno siglo XXI, las federaciones deberían ocuparse de lo amateur (y de las selecciones), mientras las ligas profesionales se encargan del espectáculo, pero aún no es el caso. De momento, ambas partes tienen atribuciones y actividades solapadas.
Dicho esto confesaré que aprecio una clara hipocresía en los estamentos rivales. Todos dicen que buscan el bien del baloncesto, pero los hechos evidencian que les mueve ante todo el egoísmo, aunque en cierto modo sean egoísmos sanos. Postura falsa en la ACB, cuyo director general adquirió compromisos a sabiendas de que la mayoría de los clubes estarían en contra y que la Asamblea soberana denegaría tales pactos (de ahí que la reunión se retrase indefinidamente). Sarcástica urgencia de la Asociación de Baloncestistas, cuando dos veranos seguidos (2003 y 2004) se negó a firmar lo que ahora exige. Lágrimas de cocodrilo de la FEB, que en sus competiciones (LEB, LEB-2, Liga Femenina) tiene más extranjeros, nacionalizados y comunitarios que esa ACB a la que tanto recrimina.




