Yo digo Manuel Esteban

Nadie se acuerda de Demetrio

Manolete
Redacción de AS
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El paso de Albertini por el Atlético no es recordado por nadie. Llegó con la vitola de ser el cerebro del proyecto de Futre en la vuelta a Primera y se marchó por la puerta falsa y con la sensación de que no había dejado satisfechos a nadie. Destacó más por su comportamiento fuera del campo, en el que siempre se destacó por su educación y gustos de auténtico dandy. Desechó la oferta que le hizo el club de vivir cerca de Majadahonda, por los entrenamientos, y se buscó una casa en la calle Alcalá para conocer bien la ciudad y sus alrededores. Pudo cultivar su otra gran afición. Es un especialista en la ciencia de los vinos y gracias a un buen amigo de García Calvo saboreó los caldos de nuestro país y quedó prendado con los que se cultivaban en la Ribera del Duero. Nunca dio una voz más alta que otra y tampoco asumió su papel de líder de la plantilla.

Es cierto que guarda buenos recuerdos del Atlético y que el año pasado quiso venir gratis. En los entrenamientos asombraba a propios y extraños a la hora de tirar los penaltis, pero a la hora de la verdad prefería que fueran otros, por ejemplo Javi Moreno, los que dieran la cara. El mejor recuerdo que se tiene en el Calderón fue su gol del empate ante el Real Madrid en el que tuvo la ayuda inestimable de la cabeza de Casillas. Aguantó estoicamente al jeta de Emerson y en alguna ocasión tuvo las maletas preparadas pero le salvó la cara Futre, que era su máximo valedor. Nunca fue santo y seña de Jesús Gil que estaba mosquedado por su bajo rendimiento y el alto coste de su ficha. Los aficionados no le recuerdan, como sucede con Schuster, y se estima que toda su aventura fue un gran fracaso, ya que Albertini tuvo su mejor etapa en el Milán de Sacchi.

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