Un día en el Atlético es muy largo
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Ayer fue un día rarito en el Atlético, que terminó en ligera llovizna pero durante varias horas amenazó con ser una tormenta considerable. La mañana después del desastre de Málaga fue un entierro en Majadahonda. Merecida charlita de Ferrando a sus jugadores y caras largas. Y eso que nadie les había comunicado que el sueño de la Copa pasa por una noche helada en Soria, que no tiene buena pinta. Ya se sabe que cuando al Atlético se le tuercen las cosas, Murphy, el de las leyes, parece un tipo con suerte. Con el ambiente ya gris plomizo, llegó la llamada al orden de Gil Marín y Cerezo al técnico. Un aviso necesario (por mucho que se disfrace de charla amable entre amiguetes: "Vamos fatal, pero estuvimos hablando de la importancia de las guerra púnicas en el actual orden social, o algo"), pero que plantea una doble lectura de la que ambas partes salen más culpables que inocentes.
Porque Ferrando es el máximo responsable de un equipo hecho para pelear la Champions y que está tan lejos que decirlo parece un mal chiste. De eso es responsable y tiene que responder. Pero los dirigentes no pueden cargarle el mochuelo y mirar hacia otro lado, porque le renovaron hace dos meses. Si ahora la cosa se pone tan mal que tienen que echarle, quedarán en evidencia. Están atados de pies y manos. Por si faltaba algo, llegan las declaraciones de Petón insinuando que el Niño comienza a cansarse. Otro aviso merecido. Torres no puede hipotecar su carrera por el Atlético si éste no le responde. Y no me digan que es muy malo y que mejor venderle, que me da la risa. ¿Se dan cuenta de cómo está el equipo desde que el Niño sufre su primer bajón en dos años? Al final, me voy a casa pensando que no ha sucedido nada y sintiendo que en cualquier momento pasará de todo. Así es mi Atleti.




