Brasileños y residentes en Madrid

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Vanderlei Luxemburgo dio un arriesgado puñetazo en la mesa en el descanso del duelo copero con el Valladolid. Su decisión de sentar a tres pavones para dar entrada a tres galácticos jugándose una situación caótica en caso de que se hubiese lesionado alguno de sus hombres en la segunda parte, ha abierto un periodo de reflexión y de recelos entre la junta directiva de Florentino, alguno de cuyos miembros no asimiló desde el palco lo acontecido: "Si lo que quería era dejar claro que la cantera es un desastre estaba en su derecho, pero abocó al equipo a un suicidio colectivo en la Copa. ¿Y si expulsan a Arbeloa, que ya llevaba una tarjeta amarilla, o se tuerce un tobillo Gravesen? Fue una locura". Pero en la planta noble del Bernabéu matizan en defensa de Luxa: "Tenía tomada esa decisión desde la víspera del partido. No es un frívolo y merece que le demos tiempo".
Lo que ha encontrado menos respaldo jerárquico es la ventajista rajada de Roberto Carlos tras la noche de autos con los pucelanos. Soy de los que siempre he defendido el carácter jovial del brasileño y su afán por hacer felices a los críos con su fútbol de galopada y pegada (cada vez más inhabitual en él, para qué engañarnos). Pero eso de cargar el mochuelo de la eliminación en la presunta falta de hambre de los canteranos me ha parecido impropio de un tipo al que siempre he defendido por su aparente buen corazón. Puede que en el fondo tuviera parte de razón, pero ante los de Kresic él defendió el brazalete y el capitán no puede poner la guillotina pública en la cabeza de los más novatos. ¿Tienen los chicos la culpa de que dejases recibir a Xavi Moré y permitieses que éste rematase sin oposición? Roberto, míratelo. Te escucho y no te reconozco, amigo.



