Cruz siempre da lo que se espera de él
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Delantero de buena zancada, siempre sacó el máximo a pesar de sus limitaciones técnicas. Le quedó grande el Inter y siempre estará marcado por aquel escándalo de La Paz, cuando presuntamente se provocó un corte en la mejilla en un partido de Argentina. Aquello acabó mal, todos le acusaron y en gran parte del mundo se le puso la cruz, y no es un chiste fácil. Julio Cruz siempre fue un tipo peculiar. Interesante delantero, no me cabe duda. Y salvo su discreto paso por el Inter, siempre cumplió en equipos de buen nivel como River Plate, Feyenoord o Bolonia. Ahora tiene treinta años y siente que se le acaba el tiempo. Atrás quedaron sus inicios en Banfield o su mote de Jardinerito por una historia magnífica que prometo contar si el Atlético le ficha. También su debut en River con gol a los 28 segundos ante Unión. Y algunos elogios exagerados que quizá le perjudicaron.
Cruz jamás fue un jugador de buena técnica con la pelota. Hace daño por su zancada y porque jamás rehuye el choque, pero incluso he leído una comparación con Van Basten (Guerin Sportivo, 12 de septiembre de 1997) que seguro le hizo daño. Se decidió por el fútbol holandés para mejorar en el aspecto físico, y en aquel Feyenoord de Arie Haan cumplió con creces, con 39 goles en tres años. En el Bolonia mantuvo el nivel con su capacidad para sacar el máximo de sus virtudes, que también las tiene. De aspecto torpe por su altura, en realidad ha jugado gran tramo de su carrera como segundo punta. Si se viste de rojiblanco será para actuar de nueve, posición para la que Bent parece más capacitado. Fuerte y rápido, a sus 20 años se ha ganado ya la selección inglesa Sub-21 y con 14 goles tiene al Ipswich líder de Segunda y con muchas opciones de ascenso. Será muy caro, eso sí.




