Yo digo Iñako Díaz-Guerra

El Atlético, en un punto de inflexión

Iñako Díaz-Guerra
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Se veía venir. Mientras Torres era el único territorio a defender por el Atlético, la cosa era más o menos sencilla. Le subes la ficha, le haces promesas y dedicas todos tus recursos a tenerle contento. Pero la situación ha cambiado sensiblemente. Dentro de la descompensada plantilla, Toni se las ha apañado para incluir sin hacer ruido a cuatro futbolistas, puede que cinco si Antonio López sigue creciendo, que tendrían sitio en cualquier equipo del mundo. El Niño, Gronkjaer, Perea y Pablo son jugadores de primerísimo nivel, todos menos Gronkjaer muy jóvenes y todos menos Torres con cláusulas extrañamente asequibles (entre 9 y 12 millones de euros). Conseguir estrellas es un paso vital para un equipo en reconstrucción como es el Atlético, pero ahora llegan las ofertas y el momento de definir cuál es el verdadero objetivo del club: ganar partidos o ganar dinero.

No simplifiquemos. La venta de cualquiera de estos jugadores generaría una plusvalía enorme: 9 millones en los casos de Pablo, Perea y Gronkjaer, 8 en el de López e infinita en el de Torres. Como hablamos de sociedades anónimas y, en concreto, de una muy tocada en el aspecto económico, estas operaciones serían comprensiblemente golosas. De acuerdo. Pero eso abocaría definitivamente al Atlético a ser un club vendedor, un proveedor de estrellas para los grandes entre los que un día estuvo. Un segundón, en definitiva. Lo que también le haría perder gran parte de esos 45.000 abonados y millones de aficionados que le permiten tener un trato de privilegio por parte de televisiones y patrocinadores. Dejar escapar a Pablo y compañía sería una pequeña solución hoy y un grave problema pasado mañana. Ha llegado el momento de definirse. ¿Gavilán o paloma?

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