El espíritu inmortal de Montjuïc

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Probablemente, nunca es buen momento para acudir al Santiago Bernabéu, porque en su coliseo el Real Madrid gana siempre que juega bien y casi siempre que lo hace mal. Y mucho menos sin Milito, el mariscal que proporciona autoridad y carácter a un equipo trufado de virtudes en ataque, aunque con una filosofía defensiva desinteresada por naturaleza y quizá agravada por la valentía de Víctor Muñoz. Pero el Zaragoza ya ha demostrado de lo que es capaz frente a este Madrid de pegada demoledora, pero de personalidad cambiante. La historia recordará aquel glorioso partido de Montjuïc, glorioso para el Zaragoza, por supuesto, como el golpe de gracia a los Galácticos, como el principio del fin de una generación extraordinaria a la que el Real Zaragoza bajó a la tierra cuando nadie lo esperaba. En el fútbol hay partidos definitivos, y ese fue, sin duda, uno de ellos, con el Zaragoza, un coloso en las distancias cortas, en el papel más estelar que se le recuerda en la Copa del Rey.
El pleito de esta tarde reúne otras circunstancias y también nuevos protagonistas, pero el recuerdo de Montjuïc es la mejor energía para un Zaragoza que ha levantado el vuelo después de su victoria en Riazor, y que llega a la batalla en unas condiciones más que aceptables. No estará Milito, pero sí Savio, Cani, Óscar, Villa, Zapater... y también Álvaro Maior, que se crece como un gigante cada vez que tiene enfrente a su compatriota Ronaldo. Este es un equipo de perfil intermedio, incapaz de sostener el ritmo de un maratón de nueve meses, pero capaz de ganarle a cualquiera. Y el Real Madrid lo sabe muy bien. Acaso mejor que nadie en la galaxia y en la propia Tierra...



