Los 211 minutos de Alfonso
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En el escritorio personal de Manuel Ruiz de Lopera, en calle Jabugo, bajo un cristal transparente que refleja imágenes religiosas (Nuestra Señora de la Esperanza...), se puede leer algo más prosaico: un papel cuadriculado de esos de las libretas antiguas, refleja minuciosamente, del puño y la letra del dueño de los destinos del Betis, los pagos diarios que deben salir cada día de la semana de las arcas de Lopera rumbo a las cuentas bancarias de sus jugadores. Es, para Lopera, el mejor recordatorio de lo que pasa con su dinero. Como una letanía que debe rezar a diario por su Betis: como si Lopera fuera ese Cautivo de Santa Genoveva de quien el presidente se acuerda a diario. Ya puede suponerse que Lopera controla (y le duele) hasta el último duro de esos que aparecen marcados inexorablemente en el dichoso papelito cuadriculado. El ordenador del Credit Suisse de Zurich no llevaría mejor las cuentas. Frente a Lopera hay sillones: allí, el presidente recibe a representantes, jugadores, técnicos, viajantes, prensa y arrepentidos de toda laya. La Esperanza vela.
El implacable control de calidad de Lopera radiografía también lo que ha jugado Alfonso Pérez Muñoz en la temporada 2004-05: 211 minutos hasta ahora, incluidos los 86 del Cádiz-Betis de Copa. Total en Liga, 125. Lopera sabe bien lo que le cuesta cada uno de esos minutos. Y nadie puede decir que la culpa sea de Lorenzo Serra Ferrer. "El Barcelona ya ha gastado demasiado dinero en Alfonso", dijo Joan Laporta cuando le dio pasaporte para el Betis. A veces, una retirada a tiempo es mejor victoria que una triste carta de libertad. Yo, por ejemplo, me retiraría el día en que llamara a Serra, "Lorenzo Serra Muñoz". Pues eso.




