Europa empieza en Miranda
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El señor Ruiz de Lopera, y ya quedó escrito de sobra, no tiene rival en lo que toca a manejar las juntas de accionistas del Betis. Lo de los notables no se sostiene, porque tal como viene el asunto con Hacienda y tal como vino en 1992, hay, hubo o había que poner la pasta (o los avales, o lo que fuera) encima de la mesa de la Liga de Fútbol, y después, quejarse del expolio histórico, del Archivo de Salamanca y de los tanques que aparcaban sobre el campo de Heliópolis cuando la Guerra Incivil. Dicho esto, ahora voy yo: si en la planificación deportiva (léase producción de cantera, trabajo de secretaría técnica, firmeza y dinero bien gastado), la mano, la destreza y el talento del señor Ruiz de Lopera funcionara como en esas juntas de accionistas, Europa no tendría que empezar en Miranda de Ebro: para el Betis, claro. Para otros, Europa empieza en San Petersburgo. Y eso nada tiene que ver con las camisetas, ni con que Teixeira sea un inútil. Tiene que ver con el papelito a de Denilson, con el papelón de Tote, con los desequilibrios. ¿Y Alfonso? ¿Han dicho Alfonso...?
P ese a Serra, a Joaquín, al voluntarismo del presidente y al afán sostenido del círculo que quiere hacer ver lo blanco como verde, lo rojo como verde, y lo negro también como verde, el Betis lleva varios años instalado en la aurea mediocritas. La dorada mediocridad. Lopera hace como los alcaldes del Siglo XIX o de muchos siglos: "Nuestro alcalde nunca da un paso de balde". Hace bien, es su dinero y no se debe censurar. Trajo a Oliveira, a Edu. Pero, mientras tanto, Denilson y Alfonso van en una velocidad (?), Tote va a su bola, y los comprometidos van a lo suyo, a trabajar. Mucho desequilibrio ahí, cuando Europa empieza en Miranda.




