En 2005, no basta sólo con Torres
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Año nuevo, cantinela vieja. Juega Torres y medio Madrid ha suspirado con alivio (la otra mitad está demasiado alucinada observando su vodevil como para preocuparse por algo tan mundano como el derby). Siendo sinceros, tenga lo que tenga el Real en la cabeza, el Atlético sin el Niño podría lograr que Casillas pasará la primera tarde tranquila de su vida. Incluso, podría debutar Woodgate. Sin correr, claro. Pero todo eso ya da igual: Torres juega y el mundo rojiblanco afronta 2005 con una fe ciega en su equipo. Fenomenal. El chaval es un fuera de serie y sigue en el Manzanares. Y ahora, ¿qué? ¿Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos? Es de esperar que el club se haya planteado estas cuestiones y, sobre todo, las responda de manera adecuada a lo largo de este año, que es decisivo para Gil Marín y Cerezo en su intento de recuperar el crédito perdido.
Cuando piensen quiénes son y de dónde vienen no podrán obviar escándalos judiciales, un descenso a Segunda... Es la historia y tendrán que vivir con ella. En 2004 hicieron un loable esfuerzo para cerrar esa etapa y convertir el manicomio en un club moderno. Mejoraron bastante la imagen de la entidad, pero la cirugía estética no soluciona los problemas de corazón. Eso toca ahora. ¿A dónde vamos? Esta es la clave y, no nos engañemos, lo más probable es que a La Peineta. Esta operación marcará el éxito o el fracaso de su revolución. Su empeño en negar lo que es un secreto a voces ha sembrado la desconfianza. La afición no es tonta y, bien planteada, la operación es interesante. Si le cambias el Calderón por silencios sospechosos, ruge. Si se lo cambias por Henry, Adriano y Lampard, te ayuda a hacer la mudanza. Gran parte del futuro del Atlético se decide en 2005.




