Cada día sufro más por Torres
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Sé lo que van a decirme: "Piensa en su nómina, en su calidad de vida, en cómo tiene la vida solucionada a los 20 años y no olvides el tema de las chicas". Y tienen razón siempre. Menos 90 minutos una o dos veces por semana. Durante ese rato, sufro por Fernando Torres. ¿Qué pensaría durante la primera parte de ayer? Allí abajo, rodeado de tanta mediocridad. Viendo como Aguilera y Sergi, cuyos mejores tiempos él no conoció, son los laterales titulares del Atlético. ¿Cómo se sentirá cuando Salva, del que ya se espera poco con los pies, tampoco es capaz de atinar con la cabeza? O cuando hasta Perea, una de las pocas cosas que le hace creer en un futuro mejor, flojea por primera vez.
Y en la segunda mitad, la frustración iría en aumento. Desesperado después de sufrir un nuevo penalti no señalado, indefenso mientras le golpean sin cesar en esa costilla que le está matando. Aún peor: ¿qué haces si tus compañeros desaprovechan cada genialidad tuya? ¿Si ves que, quitándote a tí, el atlético más peligroso es Pablo, un central? ¿Si, en una reacción heroica, tu equipo es incapaz de hacerle un gol a un asediado Betis? Yo no querría ser el Niño durante la mayoría de los partidos. Sin amigos, sin suerte, dolorido y frustrado. Les aseguro que, tras estas derrotas, el chaval no se acuerda ni de la nómina, ni de la buena vida, ni siquiera de las chicas.




