Nuestros olímpicos se quejan

Nuestros olímpicos se quejan

Nuestros medallistas olímpicos se quejan. Es David Cal, son Natalia Vía Dufresne y Sandra Azón (ver AS del pasado domingo), a quien se le pregunte se lamenta de las becas que recibe y denuncia la inseguridad que le amenaza. Es toda una sorpresa. Parecía que las becas ADO funcionaban. Se crearon en los Juegos de Barcelona 92 con un solo objetivo: evitar que los campeones de los deportes no profesionales dejaran su práctica por falta de recursos. Continúan cumpliendo su finalidad y así David Cal sabe que el próximo año percibirá una beca de 69.115 euros por sus dos medallas olímpicas y Natalia y Sandra, de 42.070 euros cada una por la plata de Atenas. No hace falta que nadie se lo comunique. Está firmado.

Sin embargo se quejan. Se quejan, porque si por cualquier circunstancia no compiten o no consiguen buenos resultados durante la próxima temporada, en 2006 no recibirán la beca. Desde luego, no es el pago a quienes sólo nos acordamos de ellos cada cuatro años. Algo falla. Las becas ADO fueron una solución de urgencia que siguen ofreciendo resultados, pero son claramente mejorables. Porque desde 1992 el ADO ha recibido, que no repartido, 200 millones de euros y porque es misión de uno de sus socios, el Comité Olímpico Español, convertirse en defensor de sus deportistas para ver cómo puede mejorar su situación. Pero no lo hace. Hace como todos nosotros: acordarse de ellos sólo cada cuatro años.