El Niño, el rey mago rojiblanco

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Fernando Torres se ha convertido en el símbolo no sólo de un Atlético que quiere reverdecer viejas glorias sino de una ciudad que aspira a albergar unos Juegos Olímpicos. Torres ya no sólo es un peligro para las defensas rivales, el rojiblanco sobre el que recae la tarea de definir y marcar goles temporada tras temporada sino en un ícono que va más allá de lo meramente deportivo. En todas las encuestas entre la gente joven figura en los primeros puestos de aceptación. Es joven, de barrio y además... del Atlético, lo que rompe la norma casi establecida de que los mejores, los más guapos, los más agraciados son siempre los del Real Madrid. Torres, no. Presume de ser madrileño y rojiblanco. Lo dice con orgullo. Con la cabeza alta. Y por eso en el Calderón le idolatran. Pero, pese a su juventud, es listo y nunca ha tenido una palabra más alta que otra faltando al respeto a alguien. El año pasado fue Casillas quien se pasó por el Ayuntamiento de Madrid. Un caso parecido. El madridista le cae bien hasta a los atléticos o barcelonistas.
Torres, con 20 años, va camino de convertirse en una leyenda rojiblanca. Ayer, la Casa de la Villa fue del Atlético. Por un día, dirán muchos. Pero lo fue. Y Madrid también está orgullosa de tener un ciudadano como el internacional español. Ayer unas 1.000 personas se dieron cita para escuchar el pregón y ver en directo al Niño. Los había jóvenes y más mayores. Incluso una niña, Vera, hija de una trabajadora del Ayuntamiento, rompió a llorar ante la presencia del futbolista. No será la primera ni la última vez que la imagen del futbolista quede vinculada a Madrid. Un lujo para todos. Para los más pequeños es el rey mago rojiblanco.



