... y antes muerto que sencillo
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La forma en que los jugadores celebran los goles define muy bien sus roles en el equipo. En el Deportivo, Molina, desde su soledad cavernaria, levanta los brazos y comparte su alegría con los aficionados del fondo. Los centrales se abrazan mientras animan a los laterales desde la distancia y los pivotes aprovechan para recibir las últimas órdenes de Jabo. Y luego están los delanteros. La aristocracia del fútbol, tan egoístas dentro del área como ególatras fuera de ella. Señalan su nombre en la camiseta, juegan a ser toreros, corren como locos esquivando compañeros al tiempo que buscan una cámara de televisión... Antes muertos que sencillos. Como dice Molina "son los que marcan las diferencias. El resto parecemos tontos y la verdad es que lo somos".
Pues resulta que el "tonto" de Molina leyó la cartilla ayer a Luque. El catalán se mete últimamente donde nadie le llama. Primero arremetió contra Karpin ("La expulsión le está bien por prepotente y chulo. Me alegro"). Una semana después, Canal Plus le pescó gritando como un poseso en la banda de El Sardinero tratando de evitar que Pandiani lanzase la falta que convirtió en el empate. Eso sí, luego corrió a abrazarse con el charrúa. Y el domingo, tras el gol de Baptista, se despachó a gusto: "Perdimos dos puntos porque se falló atrás. Una vez es mala suerte. Hoy ha sido falta de concentración. Si le viene a la cabeza, por lo menos que se lleve un codazo". No está afortunado ni dentro ni fuera del campo. Albert Luque, como dice Molina, debe respetar más a sus compañeros, a sus rivales y, quizás, también a sí mismo.



