Yo digo Iñako Díaz-Guerra

La pesadilla madridista

Iñako Díaz-Guerra
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Me aseguran que, en el partido contra la pobreza, la recaudación de los bares del Bernabéu también era benéfica y que, al tratarse de una fiesta maravillosa, se permitía la venta de bebidas alcohólicas. Eso explica que Tomás Roncero, gran samaritano, se dejase allí la extra de Navidad antes de clamar a los cuatro vientos que Torres acabará en el Madrid. Todos sabemos que, en ciertos estados, confundimos deseo con realidad. Porque yo le entiendo, la última vez que vio tanto futuro vestido de blanco sobre Chamartín aún era un pipiolo y, claro, se emocionó. Pero, querido Tomás, si el Niño tiene que dejar (sobre su propio cadáver) el Calderón, le verás de blaugrana, rossonero, blue o red devil. Jamás de blanco.

Y mucho menos con el cariz que está adquiriendo su relación con la afición madridista. El chaval se ha prestado encantado cada vez que ha sido requerido, lo mismo en la celebración del Centenario blanco que el martes, y el Bernabéu se lo ha agradecido con pitos. Aunque Torres le reste importancia y convierta los silbidos en mera rivalidad deportiva, me parece un comportamiento absurdo y fuera de lugar en una noche así. El Niño se vistió de blanco en Chamartín, pese a saber que iba a tener que aguantar muchas bromas, porque creía que el objetivo del partido merecía cualquier esfuerzo y se lo pagaron con abucheos. ¿Tu crees, Roncero, que le apetece jugar allí? Por supuesto. Con la camiseta del Atlético y meter tres para que le silben por algo.

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