Carisma y síndrome de Estocolmo
Noticias relacionadas
Lendoiro no encaja en esa imagen mesiánica que acompaña a otros presidentes que resultan ser "principio y fin" de sus clubes. Se me ocurre Lopera ("Me tendrán que crucificar para quitarme el Betis"). El dirigente de Concurbión presenta unas hechuras más terrenales. Sin embargo, tiene algo de Moisés. En A Coruña la situación es peliaguda: la deuda es preocupante (la neta no, la bruta, única que conocía servidor hasta hoy), el equipo ha perdido solvencia y las instituciones andan fuera de cobertura. Sin embargo, el deportivismo aguarda confiado un desenlace favorable porque "Lendoiro siempre se guarda un as en la manga". Es el Milagro Perpetuo. Su mano derecha no sabe lo que hace su mano izquierda, por no hablar de sus consejeros, entrenador, jugadores o aficionados. Da igual, ése es el precio de la confianza. Un precio neto, intuyo.
Lendoiro despierta en su entorno una especie de síndrome de Estocolmo. Avalado por la magnífica gestión deportiva de su mandato, ahora debe sacar a flote las maltrechas cuentas de este Deportivo. Advierte que no habrá grandes fichajes si les financian. Si no, fichará un Mauro, otro Rivaldo, algún Makaay o un Bebeto... Gente por explotar. ¡Vaya ojo! Ya lo decía Luis Aragonés: " Lendoiro es un presidente de fútbol". Hay veces que el carisma acaba por generar síndrome de Estocolmo.



