El necesario pacto de las corbatas
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Bastantes alumnos del colegio María Irlandesas en el salón de actos, pero aún así hubo predominio aplastante de las corbatas. Y cuando en una cita deportiva hay más chaquetas que chándals ya sabemos que estamos en territorio de directivos. Parece que la hora de la sensatez se acerca al baloncesto. Por fin, todos (los estamentos) reunidos en pocos metros cuadrados. Y el conferenciante, flamante presidente FEB, lanzaba mensajes de diálogo, consenso, acuerdos, estrategias comunes. Bonitas palabras. Faltan los hechos. Nadie duda, en cualquier caso, de que es preciso que todos remen en la misma dirección. Federación, ACB, jugadores y entrenadores, con el amparo y las directrices del CSD. El baloncesto español vive el momento de mayor potencial en toda su historia y debe rentabilizarlo. Sin batallas internas, sin zancadillas.
La FEB ha recuperado influencia en la FIBA. La ACB ha impuesto en toda Europa su modelo de autogestión de competiciones. Hay respeto unánime a nuestra capacidad organizativa y el nivel de nuestros equipos y selecciones. Jugadores, entrenadores, aficionados y, en gran medida, directivos de club, están haciendo bien su trabajo. Les corresponde ahora a las corbatas trabajar en equipo. Sáez ha pedido concordia ante los oídos de Portela. Lo curioso es que el primer gran pacto que se pretende (cupos mínimos nacionales en los equipos ACB) es ilícito. La Unión Europea no acepta limitaciones en la contratación de ciudadanos comunitarios dentro de su territorio. El aireado acuerdo de 6-4-2 (seis españoles, cuatro comunitarios, dos extracomunitarios) no puede (o no debe) plasmarse en ningún reglamento porque vulnera la normativa de la UE.




