El plan de emergencia fue modélico
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Ejemplar. Es el calificativo que merece el club Real Madrid y el público por la modélica reacción en la evacuación del Bernabéu. Tres palabras resumen el éxito: coordinación, orden y serenidad. Desde el momento en que Florentino Pérez fue informado en el antepalco, todo el plan de emergencia funcionó como un reloj. Manolo Redondo, director general del área social debe sentir un profundo orgullo profesional por el desenlace de tan delicado trance, porque si grave es la posible explosión de un artefacto, puede suceder que la avalancha producida por el pánico desemboque en otro tipo de tragedia. Y ayer no hubo que lamentar "ni un esguince de tobillo".
Si tiramos de hemeroteca, la lista negra de víctimas por aglomeraciones en evacuaciones de estadios es espeluznante. En Lima murieron 318 personas en 1964 cuando buscaban la salida espantadas por una carga policial. En 1968, en Buenos Aires, un supuesto incendio lanzó a la gente a la calle y las puertas cerradas fueron una trampa mortal para 73 espectadores. En Atenas ocurrió algo similar en 1981, con 21 muertos. En Moscú, en 1982, una avalancha en los vomitorios acabó con la vida de 340 personas. En Katmandú 50 aficionados perecieron en 1988 al buscar la salida huyendo de una tormenta. Ayer todo funcionó de maravilla: las puertas estaban abiertas antes del aviso al público, el césped estuvo disponible para la evacuación, la Policía y la seguridad privada actuó con calma y el público demostró una madurez conmovedora. El Bernabéu ha dado una lección.



