El caso Manzano sigue tapado
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Manzano ha hablado en L'Equipe. Ni desde el resentimiento, ni desde la venganza. Si acaso desde la decepción. Tiene motivos para ello. Un buen día decide contar en AS, a corazón abierto, sus experiencias con el doping. Guillermo Jiménez, por aquel entonces director del Consejo Superior de Deportes (CSD) abre una comisión de investigación con carácter urgente y con la misma diligencia es apartado fulminantemente del cargo. La Federación Española de Ciclismo abre un expediente, se lava las manos y se lo pasa a la justicia ordinaria que, a su vez, hace lo mismo porque el doping en España no es delito. Al CSD, con el cambio de Gobierno, llegan nuevas gentes, prometen nuevas leyes, y hasta hoy.
Han pasado nueve meses y ningún organismo ha movido un dedo para conocer la verdad. Manzano ya sabíamos que se dopaba, él lo ha dicho, pero la colosal industria del doping no está al servicio de un solo ciclista. Aquí nadie ha querido averiguar quiénes estaban detrás. Viru, el médico, dice que él estaba en el Kelme sólo para recetar sales y vitaminas, y nos lo creemos. De Fuentes nada se sabe, los directores son unos santos, los ciclistas callan. El silencio convierte a todos en cómplices. Es curioso: un ciclista da positivo y ni un solo corredor le echa en cara ser un tramposo. Último ejemplo es el de Santi Pérez. En cambio, un corredor cuenta toda su verdad sobre el doping y es un canalla. Sí, es para sentir decepción.




